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Busan: la ciudad que también es balneario

Desde que pisamos Corea del Sur, en Seúl, todos nos decían “tienen que ir a Busán”. Y no entendíamos bien por qué. Después nos dijeron que era una ciudad bien de verano y cuando leímos que era la segunda más grande del país, entendimos menos aún.

Pero el frío en Seúl se hizo insoportable y las ganas de conocer un nuevo lugar nos llevaron hasta allí. Desde la estación de buses de la capital nos tomó 4 horas 20 minutos llegar a Busán, donde sentimos que la temperatura era más agradable desde el primer minuto.

De allí, un subway hasta el Inside Busán, en el que disfrutamos mucho de ir sentados y no apretados (el metro de Seúl está siempre lleno!) para dejar nuestras cosas y salir a pasear por el lugar del que todos nos habían hablado.

Llegamos, tomamos un café y ordenamos nuestro plan: primera parada, la costa de Gwangalli Beach, un recorrido de unos kilómetros al borde del agua en el que se reflejan las luces de los edificios y el gran puente de la ciudad.

Después de unos minutos de viaje estábamos en la costa y entendimos al instante lo que significaba que una ciudad grande, la segunda más poblada del país, podía también inspirar verano, transmitir vacaciones.

Caminamos por la costa viendo el show de luces del puente y acercándonos a la zona más iluminada, llena de hoteles, restaurantes y bares, uno más atractivo que el otro. Después de un rato de caminata nos fuimos hasta el otro extremo, desde donde la foto abarcaba más reflejos y allí pudimos retratar la magia de la noche en Gwangalli Beach.

Al otro día, bien temprano arrancamos para el cementerio de las Naciones Unidas, el único en el mundo, un lugar triste pero que queríamos conocer para entender mejor el conflicto de las Coreas que terminó pero sigue, que dividió a un pueblo y que no parece llegar a su fin, aunque las cosas estén mucho mejor que hace 70 años, cuando tantas personas perdieron su vida.

Desde ahí, nos subimos en un bus para visitar la Gamcheon Cultural Village, un barrio que se transformó gracias a la buena mano de los artistas, que pintaron sus techos, llenaron de muestras e instalaciones artísticas toda la zona y revivieron un lugar en el que los café y las tiendas en general funcionan muy bien. Las vistas desde la colina son hermosas y los diferentes artísticos vuelven el paseo tan divertido como inspirador. Al final, no todo es dinero y grandes movidas para hacer un lugar más bello y la Gamcheon Cultural Village es una muestra clara de ello.

¡Hambre! ¿Hambre? En Busán eso no es un problema, si sabés qué bus tomar para llegar a la zona del Jagalchi Seafood Market, que está rodeado de mercados con comida típica y no solamente coreana para saborear y disfrutar. A nosotros nos encanta comer mucha variedad en porciones pequeñas, así que probamos varios bocados hasta que dimos por completada la comida.

El mercado de comidas de mar es amplio, abarca unas 4 cuadras y ofrece todo (todo) lo que puedas imaginar en frutos de mar y pescados, que están expuestos para la venta y su frescura se nota con solo verlos, además de que el agua está ahí, al fondo, dos cuadras atrás.

Los mercados que rodean el Jagalchi tienen de todo y muy barato. Centrados en la comida pudimos probar bocados de queso, gimbap, hotteok y una especie de salchicha envuelta en masa, deliciosos.

El día siguiente lo dedicamos a conocer el templo Haedong Yonggung, un lugar sagrado para la religión pero que además ofrece una vista hermosa y una mezcla que no habíamos visto en nuestro más de 2 años y 6 meses de viaje: un templo junto al mar. Por eso, fuimos a verlo, lo recorrimos y tomamos fotos de sus vistas, para luego terminar con una caminata de varios kilómetros hasta una calle principal, donde tomamos el bus hasta Inside Busan nuevamente.

De camino, de ida y vuelta, vimos la linda Haeundae beach, un lugar que parece muy interesante para verano, pero como llegamos a Busán en enero, no pudimo probar con nuestra propia experiencia.

La gente en Busán es relajada, amable, respetuosa y muy cálida. Se sorprenden de ver turistas llegar de tan lejos y siempre sonríen. Además, entendimos lo que tanto nos habían querido explicar: Busán es hermosa. Una ciudad en la que hay vida, llena de actividades y movimiento para los que viven allí, pero con un aire de relajación y el mar tan cerca que invita a visitarla para las vacaciones. Los que allí viven, tienen las dos en una: pueden trabajar y vivir como en cualquier ciudad, pero remojar los pies a los cinco minutos de abandonar sus tareas de rutina. Nos encantó la ciudad y si no la visitaste aún, deberías hacerlo.

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